Aterrizaje

Cuando despegaron del aeropuerto de Budapest, Eliana se sorprendió de que su hija no hubiera emitido una sola palabra. Sofía, en los días previos, se encontraba pletórica y abundaba en descripciones y fantasías sobre cada una de las situaciones que imaginaba del vuelo, pero cuando comenzó a carretear la gran “paloma de acero” (tal cual la describe Sofía) el silencio se apoderó de ella. Su madre comprendió que era una buena oportunidad para dejar que Sofía asimilara esta nueva experiencia a su manera, en sus tiempos. Mientras esto ocurría, decidió que era un excelente momento para continuar leyendo esa novela tan bella que le había regalado su amigo Gábor, “En el recodo del Danubio”. La novela es un exquisito relato sobre un viaje que realiza un matrimonio, de más de cuarenta años de convivencia, hacia las tierras magiares. La fortaleza de la obra es la descripción detallada de las costumbres y lugares más populares de la famosa curva del Danubio, que en su idioma original, se pronuncia: “Dunakanyar”. Esta es una maravillosa zona del norte de Budapest donde el caudaloso río cambia bruscamente de dirección, ofreciendo a sus visitantes la posibilidad de observar paisajes naturales y descubrir las joyas históricas de la región: Szentendre, donde el arte toma el centro de la escena (algunos la denominan “El pueblo de los pintores”), Visegrád, la fortaleza en lo alto de la montaña que es una de las mejores vistas panorámicas del meandro del río y Esztergom, donde se halla la basílica y principal punto de encuentro de la comunidad religiosa. La excursión, que detalla el autor, se puede realizar en un día permitiendo explorar la historia húngara y disfrutar de su cultura sin restricciones. A menudo culmina el mismo día con el regreso en barco al centro de Budapest, pero contrariamente a lo mencionado, en la novela la pareja encuentra un pequeño hotel en sus proximidades y pasa varios días en el recodo del Danubio haciendo una especie de racconto de su vida compartida mientras disfrutan del lugar.

Eliana transformó, sin planearlo, su largo viaje en avión en una travesía de ensueño por las páginas del fascinante libro. Pasó por alto la cena, solicitando a los tripulantes que solamente le dejaran algún entremés por si su hija despertaba a media noche y cuando todos en la nave se hallaban en el más sutil letargo, atravesó el tiempo acompañando el suave romanticismo desplegado por las páginas con la exaltación de una adolescente. Eliana y Sofía habían visitado especialmente esta zona del río hacía algunos días disfrutando muchas de las experiencias que se mencionan en la novela, por lo que sentía una gratitud enorme de haberlo compartido con su hija y ahora, revivirlo en la lectura. 

Sofía, en el asiento contiguo, duerme cual larga es, desperdigada por el gigantesco asiento que ocupa junto a su madre, la que, de vez en cuando, observaba con ternura el cálido sueño de su hija. 

El vuelo hacia Argentina es la última escala de su viaje antes de retornar a España. El primer tramo desde España a Budapest lo habían realizado combinando tren y un bus que las depositó directamente en la capital húngara; por lo que este vuelo es el bautismo de Sofía en el aire.

La abuela paterna de Sofía las espera en Argentina. Hace más de dos años que no ve a su nuera y su nieta. Por lo que el viaje en sí es un cúmulo de experiencias que Sofía debe atravesar lo más tranquilamente que pueda.

Cuando el aterrizaje es inminente Eliana despierta con el libro sobre su regazo abierto en la última página. Movió suavemente a Sofía para que despertara y ella empezó a hablar en voz baja pensando que aún se hallaban en medio de la noche, en pleno océano, dándose cuenta de a poco que la mayoría de los pasajeros preparaban sus pertenencias para seguir su camino una vez concluido el vuelo. En cuanto se abrieron las puertas de la aeronave Sofía volvió a su natural manera de hablar. Rebosante y emocionada inició la caminata junto a su madre con la mirada encendida y una sonrisa en plenitud. El aeropuerto de Ezeiza, en Buenos Aires, las esperaba con su habitual bullicio y sus interminables trámites de ingreso. Con un sol resplandeciente caminan por la salida, hasta descubrir que la abuela las espera con una gran pancarta escrita en húngaro con una famosa frase de antaño: "La vida se baila mejor de la mano de otros, compartiendo cada paso."

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